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La planificación fiscal internacional, en riesgo

2016-09-02 06.53.07Las empresas, y mucho más si son grandes, y muchísimo más si son multinacionales, pagan mucho dinero a sus asesores fiscales. Éstos no son palurdos, sino gente muy bien formada cuyo trabajo es muy caro que dedica mucho tiempo y esfuerzo a formarse y a servir a sus clientes. Al cabo de su estudio, concluyen cómo procede tributar. Y los administradores de las sociedades toman sus decisiones sobre la base del asesoramiento recibido.

El asesoramiento se produce teniendo en cuenta el marco jurídico de la fiscalidad. Y en el caso de la fiscalidad internacional, teniendo en cuenta el marco jurídico de la fiscalidad internacional. Que está constituido por tratados internacionales.

Los tratados internacionales para evitar la doble imposición están firmados, de modo muy homogéneo, con carácter bilateral, por todos los países que integran la Unión Europea.

En uso de esos tratados, muchas multinacionales han recibido un asesoramiento específico que ha llevado la tributación de sus rendimientos, no a “paraísos fiscales”, sino a países miembros de la UE: Irlanda, Holanda o Luxemburgo.

Ahora la Comisión Europea no está conforme con los resultados de sus propias normas jurídicas y ha iniciado multitud de procedimientos de infracción por supuestas ayudas de estado derivadas de una baja tributación. En mi opinión esto es una barbaridad jurídica. Las razones que a vuelapluma se me ocurren son las siguientes:

Es un uso alternativo del derecho. Si lo que se busca es mayor tributación, no se pueden utilizar normas no fiscales. Normas de mercado.

Se perjudica la actividad normal de las empresas en el ámbito jurídico tributario. Si la cuestión fuera realmente tributaria, las empresas habrían podido o debido repercutir al precio final de sus productos ya fuera el mayor coste (impuesto sobre sociedades) ya el mayor precio (IVA). El resultado es que no paga quien tiene que pagar (el cliente final) sino la empresa, lo cual es fiscalmente absurdo.

No se castiga a quien realmente tiene la culpa. Son los Estados, no las empresas, los que firman los tratados de doble imposición. Por tanto, cuando se intenta recuperar el dinero lo que en la práctica se hace es castigar al inocente. El culpable es el Estado.

Se opera retroactivamente. Si el problema realmente es fiscal, se están imponiendo normas retroactivas de tributación. Por eso -claro- se dice que en realidad la cuestión no es fiscal, sino de mercado. Pero aquí es donde la pescadilla se muerde la cola. Para evitar lo que realmente pasa, que es la referida retroactividad normativa tributaria, se defrauda la norma.

Todo esto perjudica muy seriamente la credibilidad de la UE y en particular la de la Comisión Europea, que debe rectificar inmediatamente de criterio.

En mi opinión, los Estados Unidos deben activar inmediatamente un procedimiento de protección diplomática, tanto frente a la UE como frente a cada uno de los Estados. Por cada euro que las empresas americanas deban reintegrar, los Estados Unidos tienen derecho a exigir del Estado infractor, para esa misma empresa, el importe pagado.

Tiene razón Tim Cook. Estamos ante basura política (“political rubbish”).